Relojes que en la tarde

-¿Hace falta decir que la tarde, ha puesto sus parches perfumados en la memoria?

-Sí…
Y la nostalgia se desprende de los ojos y naufraga sin su escarcha, milagrosamente hasta su lecho en el pensamiento. Las metáforas se desnudan para colgarse de unas nubes. El mar, sin olor a algas y sin su ruido cansado de olas, llega con un extraño silencio para no despertar a los peces. La cosecha de cielo rojo se prolonga hasta mi mano, hecha de sílabas, para intentar tocar esta noche que aproxima, a unos labios blancos y fríos de la luna. Las viejas y pequeñas palabras de polvo lacustre, se fraguan en frases extrañas y se hacen montañas de versos, hasta llenar de poesía a la osamenta ya medida de la tarde. La vida se convierte en otra rama, recién poblada.

-No…
Si acaso en la desembocadura de mis ojos de niño, ya no regresara la alegría de unas gaviotas recién pintadas en su vuelo. Si la tarde ya no teje con su cuerpo, el mejor eclipse de mar, mientras el mundo celebra su incendio, apagándose a través de las ventanas, sobre los rostros habituales. Si los colores ya no ciñen su fragor a los cuerpos mojados y si las ansias de amar, por aquí, dejasen de gotear como minutos o como jugo de caña recién cortada. Si no bastara una mirada para atrapar tanta anarquía hermosa y sonora.

ah, terquedad ruidosa la de esta tarde sobre mis ojos blandos

Karen

Amor no es más amor en los Estados Unidos
y lo entiendo ahora, que tú estás tan lejos
y porque sé de memoria que te he perdido
mi memoria vive golpeando olvidos viejos
mientras se desmorona en este viejo olvido.

El olvido, la distancia y el tiempo se equivocan
cuando te abandonan al borde de otra noche
con tus banderitas del sur -mujer de Oklahoma-
flameadas, al garete simple y en total derroche
yo te extraño, recostada junto a mi sombra.

Entre mi sombra y tu ausencia caídas
tu gato rojo en mi pijama azul
aún comparte con mi blanca alegría
pedazos de luna llena. Pero qué ausente tú!
qué triste y qué útil a estos versos, tu partida.

Partiste con todos tus fósforos encendidos.
Recuerdo eras indescriptible. Y aunque lejana
para siempre estés, aquí todo está medido…
Resbalando por el piso, las paredes y cornisas del alma
yo a ti, te asumo como al sol, Karen Biggio.

Karen. Aún tengo tus barajitas de mujer soñada
pero en sucesos nuevos, lo sé, las iré perdiendo.
Mi soledad creció y tiene nuevas coordenadas
igual habita en dos tiempos, por escrito, en secreto
y en idioma tan distinto, al de esta distancia.

A lo largo de esta distancia tan larga
va diciendo algo al oído, el olvido al tiempo
mientras, como subiendo y bajando ramas
es mi voz la que saltando voces, en duro silencio
aún te busca, todavía te sueña, te llama y te proclama.

-Enero 1981-

Un silencio

Un silencio que empuja recuerdos.
La nostalgia dulcemente se espesa.
La lluvia susurra con labios de ella
como dulce rocío adherido al desvelo.

¿Seré yo, el amante sin fortuna
trueno fugaz o el más silente cometa
cada vez que se duerma la luna
de la misma farola con trenzas?

 

-Mayo 1999-

Little Louie

 

What’s up, little Louie?
-My pocket leads to thy Topps cards.
-Chicago state of mind jolly boy!
-Thou art a rising star on an open field
long to be number one…

Sort of skimpy. (I knew it for a while)
Thou and those south side ball fans
for the moments great, prime device.
Venezuelan blaze! Oh, pleasant tenant
by the split of silver…

Sweet the wind it seems
in a thousand throats, on a thousand hopes
and flying like any young man’s dream
there thou go
no protocol…

-Junio 1983-

Todavía deletreable

Prefiero la nada que al olvido
y mirar en tus ojos a la alegría
conteniendo todo miedo ya vencido.

Prefiero verte entregada que desnuda
alboroto de abejas en perfecta oración,
tú me haces libre a la perfección
lejos de mi hojarasca de dudas.

Prefiero el café caliente a toda caricia
fría, premeditada y vaga
y a las horas que llegan solas, sin malicia
y carentes de nostalgias.

Prefiero el vértigo azul insospechado
al resplandor severo de tener tus labios
temblando sobre otros sueños, ajenos,
desprovistos de mar o que estén borrados.

Prefiero el grito al oído a la incertidumbre
en tu rostro de flor menuda sobre un piano.
Yo quiero ser para ti un número anciano
para que me mires y después me sumes.

Prefiero el liquen sobre los pliegues suaves
y a la tersa presencia mineral de la luna
sobre tu cuerpo, todavía deletreable.

-Enero 2006-

Tenerte toda

Tú resides
en los golpes diarios de mi suerte.
En este cauce tibio y distraído
que sueña tocar el mar.
En la aventura cotidiana
de mi alegría todavía pendiente.

Yo sueño con tenerte toda
apretada y a solas
si tu corazón me aguanta
y con amarrar todas mis horas
con tus manos suaves
a mi guitarra de agua.
Después soltarlas
al aire y mirarlas volar
salvajes,
como palomas blancas.

Me gusta cuando me aguardas
y me miras, sonríes y miras
sin mediar palabras.
Con ese polen del mes de mayo
alegre, delgadito en tu mirada
y comiendo mangos
en el portón de tu casa.

-Entremos… (de nuevo sonríes y dices)
Haces ese gesto tan bonito.
Lejos cursa el ruido
de las perdices
y lejos cantan los grillos
a las tardes lluviosas y grises
sus tonadas tristes.

Parecen serenatas de amor sencillo.

 

-Mayo 2007-

Perdonen la precariedad de estos versos

Lo peor de perderte
no es tener que entenderlo, sino darme cuenta.
Saberme grieta
mientras el café se enfría, o se derrama.
Tener que escuchar sin respuestas
nuestras canciones de amor, de los años setenta
y nunca haber entendido tus razones secretas
para desconchar suspiros apretando duro las almohadas.
No es solo haberte perdido.
Es que nada me duele y el perro no ladra.
El gato y hasta los ratones se ahuyentan
al mirarme desmantelas los recuerdos
y desalojar la casa de olvidos.
Porque me roban los sueños
al dejar las puertas abiertas
esperando algún recado del viento…
Y no es tampoco que muero, no,
de hecho ya mi alma está muerta.
Es esta oscuridad diminuta,
son estos versos tontos de enero,
este envolver con tristeza y ternura
a mi suerte tan torpe.
Y más pronto que tarde y más nunca
no es preciso que tú entiendas los golpes
de mi orfandad, ni la incómoda bulla
de esta lenta agonía vestida de noble
montón de cenizas, de lo que fue tu amor,
simplemente.

-Julio 2012-

Como una piedra

 

Así como pesa una piedra
estos versos, nacen con alma.
Quiero sembrar toda la tierra
con palabras, con palabras.

Lentamente atraca el silencio
al tiempo, cuando menos se le espera,
hace artilugios y convierte en versos
y vuela, como ingrávida mariposa, vuela.

Son mil versos que por el aire acompañan
a esta pasión, que a mi corazón desnuda.
¿Son mis versos de naturaleza extraña?
-Calcando a Neruda ando yo, a Neruda.

tirado al viento

“ESTOY aquí fuera, a mil millas de mi casa,
andando un camino en que otros hombres han sucumbido.”
Bob Dylan

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llévame,
que hoy nada me salve de ti

ni siquiera aquel reloj de harold crick,
tan viciado por un destino de dedos miserables,
de esos, que dan cuerda a los relojes en canciones de sabina

como en un viaje sin retorno, sin itinerarios
llévame al hombro que nada peso, que estoy inmóvil
y que para vencer soledades, a un solitario nunca le sobra
el previsto y secreto morral de los errores

sí… como a un error, pero llévame
dos lluvias más allá del sueño, que yo luego
te dejaré este lejano brillo de versos, tirado al viento

 

-589 riada-

no importa…

“LE expliqué que el mundo es una sinfonía,
pero que Dios toca de oído.”
Ernesto Sábato.

 

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ven
diminuta
y sin promesas

conviérteme en teatro,
refugio o en capullo -no importa…
pero estrena aquí y ahora todas tus tormentas

 

-587 riada-